
Advierto en la tristeza que el pulso es débil y lento y que se sienten como ligaduras alrededor del corazón, que le oprimen, y témpanos que le hielan y comunican su frialdad al resto del cuerpo; y que, a pesar de esto, no se deja de tener a veces buen apetito y de sentir que el estómago no deja de cumplir con su deber, con tal que el odio no se dé mezclado con la tristeza3.
En el odio
Me doy cuenta, por el contrario, de que en el odio el pulso es desigual, más débil y frecuentemente más rápido; que se sienten escalofríos mezclados con no sé que calor áspero y picante en el pecho, que el estómago deja de hacer su oficio y se inclina a vomitar y a arrojar los alimentos que se han tomado, o, por lo menos, a corromperlos y convertirlos en malos humores.
DESCARTES
Descartes, René.
Tratado de las pasiones del alma (1649).
Traducción y notas (2-3) de Eugenio Frutos.
Barcelona: Planeta-De Agostini, 1995, pp.137-139.
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