29 marzo, 2011

La ley como el amor


La ley como el amor



La Ley, dicen los jardineros, es el sol,

la Ley es aquello

que todos los jardineros obedecen

mañana, ayer, hoy.



La Leyes la sabiduría de los viejos,

rezongan lánguidos los abuelos impotentes;

los nietos sacan una lengua atiplada,

la Ley es la razón de la juventud.



La Ley, dice el sacerdote con mirada piadosa,

explicándose ante una congregación impía,

la Leyes las palabras en mi piadoso libro,

la Ley es mi púlpito y mi campanario.

La Ley, dice el juez con su mirada de menosprecio,

hablando con claridad y suma dureza,

la Ley es como ya os dije,

la Ley es como, supongo, sabéis es

la Ley, pero dejadme que os lo explique otra vez,

la Ley es La Ley.



Sin embargo, los eruditos cumplidores de la ley escriben:

la Ley no acierta ni se equivoca,

la Ley no es más que crímenes

castigados por lugares y épocas,

la Ley es la ropa que llevan los hombres

en cualquier momento, en cualquier lugar,

la ley es Buenos Días y Buenas Noches.



Otros dicen, la Ley es nuestro Destino;

otros dicen, la Leyes nuestro Estado;

otros dicen, otros dicen

la Ley ya no existe,

la Ley ha desaparecido.



Y siempre la muchedumbre furiosa y vociferante,

muy furiosa y muy vociferante,

la Ley somos nosotros,

y siempre el débil idiota débilmente Yo.



Si nosotros, cariño, sabemos que no sabemos más

que ellos sobre la Ley,

si yo no sé más que tú

qué deberíamos y no deberíamos hacer

salvo que todos aceptamos

de buen grado o por fuerza

que la Ley es

y que todos lo sabemos,

si por tanto pensando que es absurdo

identificar la Ley con otra palabra,

a diferencia de tantos hombres

no puedo decir que la Ley es otra vez,

no más que ellos podemos sofocar

el deseo universal de descubrir

o zafarnos de nuestra propia situación

hacia una condición indiferente.



Aunque al menos puedo limitar

tu vanidad y la mía

a expresar tímidamente

una tímida similitud,

alardearemos de todos modos:

como el amor, digo yo.



Como el amor que no sabemos dónde o por qué,

como el amor que no podemos imponer ni abandonar,

como el amor que a menudo lloramos,

como el amor que rara vez conservamos.

Septiembre de 1939



Versión de Eduardo Iriarte

"Canción de cuna y otros poemas"



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