09 noviembre, 2007

Sin Lunas ni estrellas

Fotografía de Rafal Bednarz





Se me cae la noche después de haber intentado atrapar el día sin romperlo y no haberlo logrado. Vuelvo a mi dormitorio con los ojos hinchados y un puñado de sal gorda en las heridas abiertas. He tratado de mirar de frente a la rabia, a la incomprensión y a la duda. Y me han escupido palabras sordas, absurdas, impertinentes. Debajo de los muros de ladrillo que levantó en su día la razón he buscado un saco de argumentos para desenredar los nudos de mi propia torpeza. Pero no he conseguido otra cosa que encontrar cien cubos repletos de barro fresco y maloliente. He querido llenar mis bolsillos de sonrisas robadas a otros y sólo he sabido hurtar un ridículo puñado de lágrimas de cristal ácido y corrosivo.



Se termina un día torcido lleno de esquinas con piedras angulosas. Y me atrapa una noche sin luna ni estrellas que apesta a podrido. Se van a esconder lo sueños que debí tener y el aire viciado ahogará mis pensamientos en un cúmulo de sinsentidos dispuestos a robarme el descanso. Mi cuerpo se ensucia con el simple roce de mis dedos y de mis miradas. No queda rastro del perfume que se fue llevándose secuestrados mi optimismo y mi pasión. Sólo me queda esperar… y lamentar aturdido la intolerable estulticia de unas formas que jamás debí utilizar.


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