12 enero, 2009

Árbol




Estoy mirando al fondo de tus ojos,
dos cráteres vacíos.
Fuiste breve fragmento de mi vida,
hace tiempo perdido;
rama que el viento helado
desgajó brusco al borde del camino.
Murió, tal vez fue leño reanimando
el fuego de tu hogar, semidormido;
pero el árbol siguió, germinó nuevas,
verdes ramas; el viento fugitivo
enredó su invisible cabellera
con leve soplo o trémulo alarido;
llegaron las palomas, los gorriones,
y fabricaron en abril sus nidos;
mayo fue una descarga de gorjeos,
y mi árbol, firme, sigue siendo el mismo.
Una rama se pierde, otra renace;
ya no te necesito.



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