
“…después de descansar del viaje, salió a pasear por los acantilados de la costa. Era casi de noche y el mar se extendía delante de ella. ¿Qué iba a hacer?
Se había escapado de los dos hombres… La última quincena la había pasado tratando de evitar a los dos. Ahora tenía un momento para ella misma. ..”
“…Alvina se sentó en los acantilados en un estado de exasperación. Estaba cansada de que la fastidiaran. Realmente, no quería casarse con nadie. ¿Por qué había de casarse? Se sentía contenta hasta lo indecible de poder ser ella misma otra vez. ¿Qué cansada estaba de la gente y sus inoportunidades! ¿Qué iba a hacer? Decidió volverse a ofrecer, después de unos días, para el servicio de guerra; en otra ciudad, esta vez. Mientras tanto quería ser ella misma…”
“…- Volverás, ¿verdad? – insistió ella.
-¿Quién sabe? – suspiró él.
- Si te haces la composición de lugar de que has de volver, volverás. Tenemos el Destino en nuestras manos- dijo ella.
El sonrío lentamente.
-¿Te parece?- dijo-
- Lo se. Si tu no vuelves será porque no quieres, y por ninguna otra razón. No será porque no puedas. Será porque no quieres.
- ¿Quién te ha dicho eso?- preguntó él, con la misma sonrisa cruel.
- Yo lo sé.
- Muy bien- respondió él, pero siguió sentado, con las manos abandonadas entre las rodillas.
- De modo que decídete- dijo ella…”
Se había escapado de los dos hombres… La última quincena la había pasado tratando de evitar a los dos. Ahora tenía un momento para ella misma. ..”
“…Alvina se sentó en los acantilados en un estado de exasperación. Estaba cansada de que la fastidiaran. Realmente, no quería casarse con nadie. ¿Por qué había de casarse? Se sentía contenta hasta lo indecible de poder ser ella misma otra vez. ¿Qué cansada estaba de la gente y sus inoportunidades! ¿Qué iba a hacer? Decidió volverse a ofrecer, después de unos días, para el servicio de guerra; en otra ciudad, esta vez. Mientras tanto quería ser ella misma…”
“…- Volverás, ¿verdad? – insistió ella.
-¿Quién sabe? – suspiró él.
- Si te haces la composición de lugar de que has de volver, volverás. Tenemos el Destino en nuestras manos- dijo ella.
El sonrío lentamente.
-¿Te parece?- dijo-
- Lo se. Si tu no vuelves será porque no quieres, y por ninguna otra razón. No será porque no puedas. Será porque no quieres.
- ¿Quién te ha dicho eso?- preguntó él, con la misma sonrisa cruel.
- Yo lo sé.
- Muy bien- respondió él, pero siguió sentado, con las manos abandonadas entre las rodillas.
- De modo que decídete- dijo ella…”
1920
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