
Tú hablas y, al oír tus palabras, veo y recorro la casa que tú me describes y yo desconozco.
Me rodean con tal realidad las cosas que en mí tú despiertas, que defino contornos, enciendo una luz y añado detalles.
¡Dios mío! he llegado a tu casa y me he resistido.
¿Dónde la casa que tú despertaste en mí mismo? En nada se iguala a ésta.
Un oculto dolor sobreviene al destruir lo que había soñado, extinguir la luz encendida y borrar los distintos contornos que había construido.
Y pienso, en mi angustia, que entonces te hablé de ansias e ideas informes.
Pienso que habrás tú forjado al oírme quién sabe qué historias.
Y no puedo llevarte ante ellas y lograr que las veas y cambies tu imagen absurda.
Palabras, palabras..., pensemos amigo en todo el engaño que trae este viento tan débil.
Este aire que apenas si mueven los labios.
Me rodean con tal realidad las cosas que en mí tú despiertas, que defino contornos, enciendo una luz y añado detalles.
¡Dios mío! he llegado a tu casa y me he resistido.
¿Dónde la casa que tú despertaste en mí mismo? En nada se iguala a ésta.
Un oculto dolor sobreviene al destruir lo que había soñado, extinguir la luz encendida y borrar los distintos contornos que había construido.
Y pienso, en mi angustia, que entonces te hablé de ansias e ideas informes.
Pienso que habrás tú forjado al oírme quién sabe qué historias.
Y no puedo llevarte ante ellas y lograr que las veas y cambies tu imagen absurda.
Palabras, palabras..., pensemos amigo en todo el engaño que trae este viento tan débil.
Este aire que apenas si mueven los labios.
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