19 enero, 2009

PALABRAS




Tú hablas y, al oír tus palabras, veo y recorro la casa que tú me describes y yo desconozco.
Me rodean con tal realidad las cosas que en mí tú despiertas, que defino contornos, enciendo una luz y añado detalles.
¡Dios mío! he llegado a tu casa y me he resistido.
¿Dónde la casa que tú despertaste en mí mismo? En nada se iguala a ésta.
Un oculto dolor sobreviene al destruir lo que había soñado, extinguir la luz encendida y borrar los distintos contornos que había construido.
Y pienso, en mi angustia, que entonces te hablé de ansias e ideas informes.
Pienso que habrás tú forjado al oírme quién sabe qué historias.
Y no puedo llevarte ante ellas y lograr que las veas y cambies tu imagen absurda.
Palabras, palabras..., pensemos amigo en todo el engaño que trae este viento tan débil.
Este aire que apenas si mueven los labios.


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