08 octubre, 2007

La llamada y otros




LA LLAMADA


El maldito teléfono esa noche no paraba de sonar. Seis líneas de urgente asistencia telefónica con las que redimir el dolor de solitarios noctámbulos. Ojos dilatados. Linces, especies en extinción. Paranoicos, maniacos en la mayoría de los casos, pendientes de la respuesta exacta de una voz al otro lado del cable espiral antes de pegar un grito o pegarse un tiro. Huérfanos. Preguntas sin sentido, insultos a fantasmas, mil porqués lanzan, no al centro de su ser, ni a la respiración de quien está escuchando, vomitan pasado, escupen al centro del podrido Universo esquizofrénico. Duele vivir. Posesión. Acero. Fuera de control. Desahogo. Calma. En la línea cinco preguntan por mí, perdonad un momento.

La culpabilidad es un callejón sin salida con tu silueta de tiza dibujada en asfalto. Él supera este trance viviendo el anonimato. Asesinato. Se busca en mil personajes de pretérito imperfecto a veces, inventados a ratos, que hicieron o están a punto de hacer la maleta. Él siempre se queda. Ha colgado el teléfono diez veces, me ha jurado que no volverá a llamar. Apego al mas allá. Lobo herido. Acorralado. Cigarro mal apagado, demasiado alcohol en vena. Él siempre se queda. Ha parpadeado en cada luz roja numérica de la noche. No deja de sonar. Lo último que me ha dicho, retumba aún en mi cabeza, ha sido: Ni contigo, ni sin ti.




GREN DREAM



No tenemos habitaciones, lo siento, estamos completos.
- ¿No puede ser, dónde puedo ir, sois el único hospedaje en el pueblo?
- Sí, pero puedo hacer una llamada. La Sra. Grant, Blanca, alquila habitaciones. Desde que sus hijos se mudaron a la ciudad y falleció su marido, tiene casa de sobra.
- Gracias.

Blanca resultó ser una mujer muy agradable, risueña de infinitas canas y ganas por mostrarme su vida, contarme su historia e intercalarla con la mía, se le veía en los brillantes ojos y familiar voz. A mí, por las horas en las que llegué, sólo me apetecía perderme en unas sábanas, así que intenté lo más rápido posible terminar con aquella cordial taza de té hirviendo, resumirle en trece frases algo de mi cotidianidad y la razón que me había llevado hasta allí.

Una vez en la habitación llena de encaje y olor a hogar, tiré la bolsa al rincón, me deshice de las heridas en los pies, descalzándome y dejé que entrara la noche, la luna llena y brisa del bosque por esa increíble ventana con vistas. Recuerdos de infancia y cariño en esa cama desconocida. Pasos en el pasillo, alguien me mira, pero me rindo al sueño y al aullido del lobo.

- ¿Qué tal ha dormido, querida?
- Muy bien gracias.
- Tiene todo lo que desee para desayunar, está incluido en el precio.
- Gracias, sólo esta verde manzana que me mira..- saltó a mi mano desde la cesta.
- Acabo de recogerlas.

Realmente una sonrisa misteriosa, pensaba mientras asomaba mi curiosidad por la ventana. Morder. Entre los árboles llegué a ver un leñador, creo que en mi vida había visto uno, ni la fuerza del hacha, se precipitaba la leña, me miró y comenzó a excavar un agujero en la tierra. Acidez. De un granero comenzaron a salir siete enanos que se dirigían a la casa y comenzaba a sentirme como en una película de Lynch, pero sin cortina roja. Me di la vuelta y Blanca me miraba. Dijo que quería mostrarme algo. Sudor frío. Entré en una habitación negra y en el centro podía verse un precioso féretro de cristal. Lo siguiente que recuerdo es la caída del corazón de mi manzana y oscuridad.




GRAHAM BELL



Salté del sofá bailándome el teléfono.
Como ritual deslizo paso tango y freno como árbol plantado en seco mi mano raíz sobre el auricular, es entonces cuando pregunto al espejo de la salita si esa llamada es para mí e intento adivinar quien es el ausente.
Hay que estar preparada para los mensajes del otro lado. Así hasta que suena siete veces su melodía, peino ideas, memorizo mi elección y deletreo un nombre.
- Si?
- Hola
- Hola, quien es?
- Adivina ¡
- No, mejor dímelo tú.. .- mientras los archivos de mi mente rastreaban huellas en su voz
- Si te lo digo, me cuelgas
- Te doy un minuto
- Pero … no tienes curiosidad?
- Si, la de un minuto, tic tac,,tic tac… quedan cincuenta y dos segundos.
- Siempre me gustó tu voz
- Cuando y dónde la escuchaste antes?
- Eso no puedo confesarlo de momento, no me creerías ….- no identificaba su respiración y a mi estaba a punto de darme una taquicardia.
- Entonces para qué me llamas? … cuarenta y tres segundos …
- Necesito preguntarte algo, cuestión de vida o muerte …
- Por qué el teléfono lo inventaron para las malas noticias y casos urgentes?
- Sigues visionando catástrofes, no cambias…
- Dime, suéltalo .. ahora o nunca …
- Por qué piensas tanto en mi? .- dijo firme y rotundo
- Jajaja, pero si no sé quien eres? .- declaró mi carcajada miedosa
- Y si no sabes quien soy, por qué piensas tanto en mi ¿
- Intuyo que esto llevará a un bucle sin salida, desde cuándo sabes lo que pienso?
- Desde ese día que me imaginaste tan canalla y apuesto, tan afín a ti, tan perfecto, desde que me sueñas inalcanzable y ahora que me has puesto voz te contesto…
- Dónde estás?
- Pues aquí, a oscuras en una habitación, frente a la ventana, tal y como me has inventado… por cierto, ya podías haber puesto puertas, porque no pienso saltar por la ventana al acantilado y nadar ese mar helado para encontrarte, por qué lo pones todo tan difícil?
- No
- Si
- Te he puesto teléfono…
- Y?
- Para darnos buenas noticias
- Siempre tan cerca pero tan lejos
- …abre la ventana que entro, ….queda un segundo









NOTA: Me encanta como escribe...verdad?

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