
Con una quietud intolerante,
Ella se entregaba a las hechicerías del vino.
Pero él sabía cómo
arrastrarla al desmayo, a los torvos
amaneceres de la estupefacción.
Ella tenía un rostro inhumano,
de blancos ángulos. Él
conocía las magias de la insolencia
y la plenitud del dominio.
Pero ella sabía que adverso
y tenaz modo lo confundía.
Él ignoraba el arte del sueño
y ella le cubría la cara de pesadillas.
David Huerta
Ella se entregaba a las hechicerías del vino.
Pero él sabía cómo
arrastrarla al desmayo, a los torvos
amaneceres de la estupefacción.
Ella tenía un rostro inhumano,
de blancos ángulos. Él
conocía las magias de la insolencia
y la plenitud del dominio.
Pero ella sabía que adverso
y tenaz modo lo confundía.
Él ignoraba el arte del sueño
y ella le cubría la cara de pesadillas.
David Huerta
David Huerta (Ciudad de México, 1949) desata, mezcla, rompe y construye la imaginería verbal para ponerla al servicio de los sentidos. Su poesía es a veces desbordada, llena de recursos y figuras lingüísticas; otras, es concisa y habla de las cosas inmediatas. En 2006, el Premio Xavier Villaurrutia recae en David Huerta, poeta que hace de la imaginación y del carácter gráfico de las letras sus herramientas más provechosas.
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